Uno de los problemas que tienen la mayoría de consumidores de cocaína es la cantidad de dinero que gastan en su adicción. Si además tenemos en cuenta que en muchos casos esto va unido al consumo de alcohol y en otros tantos a buscar el servicio de prostitutas (en una forma inmadura y compulsiva de “descomprimirse” y encontrar un placer efímero que solo va a representar dolor psíquico una vez recuperada la “conciencia”) encontramos la fórmula de porqué se derrocha tal cantidad de dinero.
Si estas mismas personas pensaran la gran cantidad de cosas que podrían hacer para tener una vida mucho más positiva, feliz y placentera si en lugar de comportarse como adolescentes gestionaran sus recursos psíquicos y monetarios en crear un estilo de vida estimulante, se darían cuenta de todo lo perdido.
Por eso detrás de la mayoría de cocainómanos se encuentra un “puer”, un jovencito en el cuerpo de un adulto, que necesita escapar de la presión, del tipo que sea, como sea.
Por tanto dejar la cocaína no significa convertirse en un monje o en una persona tan ordenada que la vida sea puro aburrimiento. Significa introducir el placer, en todos los sentidos, de una manera racional y madura.
Damián Ruiz

