La cocaína sustituye básicamente la libertad. El consumidor de cocaína, y ya no digamos el adicto no es una persona libre. Es, sencillamente, un cobarde (y lo digo sin ánimo de ofender pero con la intención de provocar una reacción interna).
Un cobarde porque en lugar de generar las transformaciones necesarias en su vida para que esta sea motivadora, interesante y fructífera, acaba utilizando la cocaína como sustancia enmascaradora de frustraciones, deseos u otros aspectos psíquicos no elaborados.
Consumir cocaína es una forma de evasión, ya sea por una cuestión festiva o para soportar la propia vida. Y ¿hasta cuando uno puede evadirse de una realidad insatisfactoria? Eso tiene un límite, y traspasarlo puede ser peligroso.
Dejar la cocaína supone empezar a recuperar la libertad personal auténtica. Y eso requiere coraje y autoconocimiento. Pues la libertad es uno de los valores que más temen los seres humanos, una mayoría de los cuales prefieren vivir esclavos de sus miedos aunque sea encubriéndolos con una droga.
Damián Ruiz

